Hikuri historia y ceremonia

El Hikuri, popularmente conocido como peyote, es un enteógeno endémico de México, puede encontrarse principalmente en los desiertos de Chihuahua, Coahuila, Durango, Nayarit y San Luis Potosí, siendo este último un destino turístico para el consumo de este pequeño cactus, debido a lo anterior y a su alta demanda, actualmente es una especie que se encuentra en peligro de extinción.

Su compuesto psicodélico -la mezcalina- era bien conocido por algunas de las culturas mexicanas de la antigüedad ya que lo utilizaban para rituales sagrados.

Actualmente la mezcalina natural es poco utilizada de forma terapéutica debido a su escasez, sin embargo, se continúa utilizando en rituales de pueblos endémicos para realizar purificación, sanación y como un agente visionario y de conexión con la sabiduría antigua.

Ceremonia de Hikuri

La ceremonia del Hikuri es una tradición ancestral de los wixárika (mejor conocidos como huicholes), en la cual se pide al Hikuri (peyote) la sanación física y espiritual, a continuación narraré un poco de lo que sucede en la ceremonia:

Es una noche de luna creciente, el cielo está despejado, a mis espaldas el volcán Popocatépetl, me encuentro en un espacio al aire libre, rodeado de naturaleza, el pasto será mi cama por esta noche, en el centro se encuentra una ofrenda dedicada a una difunta fallecida hace unos días y a los lados de la ofrenda más de una quincuagena de personas, unas al lado de otras formando una gran elipse. Son más las 12 de la noche y después de lo que parecen horas de espera aparece el Mara’akame (chaman y sanador wixárika) acompañado de sus ayudantes, todos están perfectamente vestidos en sus atuendos típicos, con sus varas ceremoniales llenas de plumas gigantes y uno de ellos transporta una tina mediana llena de lo que parece ser Hikuri, el Mara’akame nos da la bienvenida a la ceremonia y pasa a sentarse junto a sus ayudantes en unos lugares que estaban reservados para ellos, posteriormente el Mara’akame y uno de sus ayudantes comienzan a limpiar el Hikuri y los otros dos van hacia el centro de la elipse de gente y comienzan a poner una cama de leños, uno por uno los van ordenando hasta formar una gran pila, los ayudantes regresan al sitio del Mara’akame y ayudan a limpiar el Hikuri.

El Mara’akame hace una seña y los ayudantes encienden lo que parece ser unas varas pequeñas de ocote, se aproximan a la pila de leños y comienzan a encenderlos, después de unos minutos se escucha el tronido de la madera que comienza arder, uno por uno los leños van siendo abrazados por el fuego, cuando la hoguera se enciende por completo el Mara’akame da la bienvenida a Tatewari (abuelo fuego) toma unas brazas, las coloca en los sahumadores, vierte copal y mira en ellos y da inicio a la ceremonia rodeando toda la elipse de gente con la exquisita esencia del incienso.

Se nos proporciona una pequeña rama seca y un hilo rojo y se pide a los participantes hagan un nudo en el hilo por cada persona con la que hayan tenido una relación sexual, al hacer el nudo se debe pesar en la persona y decir en voz suave o con el pensamiento “Te devuelvo tu energía con amor, devuelve la mía con amor”, posteriormente se ata el hilo a la rama y se pone en la hoguera pidiendo al abuelo fuego regrese las energías a las personas y se devuelva también nuestra energía.

Nos indican que debemos pasar a donde está el Mara’akame y somos marcados por sus ayudantes en el rostro con símbolos wixárika, posteriormente con unas flores llenas de una especie de agua muy fría se nos unta la cabeza, la frene, las muñecas y los tobillos, y una vez hecho esto pasamos con el Mara’akame quien recita un rezo y nos limpia con su vara ceremonial, posteriormente regresamos cada uno a nuestros lugares.

De repente una voz rompe el silencio, se escucha un lenguaje raro pero hermoso, el Mara’akame ha comenzado sus cantos, los cuales van dirigidos al espíritu del Hikuri para presentar a la gente que asiste a la ceremonia. Se nos pide pensar en lo que queremos de la ceremonia, en por qué hemos venido hasta acá y que estamos buscando con ello, posteriormente el Mara’akame nos pide a cada uno pasar para recibir el Hikuri, el cual es ritualizado, entre incienso rezos y cantos, al fin hago contacto con la planta sagrada, se me indica que debo morder un pequeño trozo y ofrendarlo al abuelo fuego y el resto mascarlo unos minutos y posteriormente tragarlo, así lo hago y comienzo a pensar que tiene un sabor amargo pero tolerable, pareciera como a una mezcla de pepino y xoconostle, regreso a mi lugar y me acuesto para esperar el efecto… no puedo evitar observar el cielo, está tan despejado que se ven claramente las estrellas, constelaciones y algunos destellos que no sé qué serán,  el cuerpo comienza a sentirse pesado y a vibrar un poco, me invade una leve sensación de nausea y mareo, -en el fondo el Mara’akame canta al espíritu del Hikuri para que escuche la petición de cada persona- en los ojos se siente un poco de visión arco iris, comienzo a tener una leve visión y un pequeño mensaje, los cuales terminan muy rápido. Al final agradezco al abuelo fuego y al espíritu del Hikuri por la revelación.

Son aproximadamente las 6:40 de la mañana y el Mara’akame nos indica que va cerrar la ceremonia, se acerca a donde está el fuego y sus ayudantes pasan a entregarnos un trozo de rama de árbol seca, nos indican que debemos pensar en lo que queremos dejar ir y comenzar a pasar la rama por el cuerpo, en una especia de limpia áurica, posteriormente cada persona iba pasando al centro donde se encontraba el Mara’akame el cual procedía a limpiarte con su vara ceremonial y lanzar al fuego lo que encontraba, así mismo, arrojamos nuestra rama al fuego para que el abuelo fuego nos ayude a liberarnos de las energías que no nos permiten avanzar. Finalmente, el Mara’akame anuncia el cierre de la ceremonia y da gracias al Hikuri, al abuelo fuego y a la energía de las personas que estamos presentes.

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